—Tenía elaborados muchos planes para joderles la vida.
—¿Joderles la vida?, ¿a todos ellos?, ¿a sus descendientes también?
—A todos.
—¿Y cómo?
—De mil maneras. Es un trabajo que todavía no había completado. Faltaba, entre otras cosas, sincronizar la cadena de acontecimientos que les iban a ocurrir para que no hubiera ni el más mínimo rastro, ni la más mínima sospecha de que fuera algo planificado. Para que todo pareciera casual y aleatorio. Pero nada de muertes, teniente, no se crea que uno es como ellos. No. Pero arruinarles la vida sí. Joderles, como Vd. dice, a base de machacarles con pequeños disgustos encadenados. Poco a poco. Para que el sufrimiento se extendiera a lo largo de sus vidas como les pasó a sus víctimas, las que quedaron vivas.

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