El rastro me puso en la pista

 

–Otra cosa jefe, no entiendo eso del rastro, el sitio al que dice que va a ir

–Ya, sí ¡cómo lo vas a entender! Es un mercadillo, un zoco de compraventa antiguo y sorprendente. Le tengo mucho cariño desde que lo visité varias veces con mi padre. Él, de niño, fue mucho con mi abuelo. Me contaba que le despertaba todos  los domingos por la mañana temprano, incluso en los peores días del invierno, y lo llevaba con él allí, no a comprar, sino a ver la gente que lo habitaba. Conocía a muchos de los vendedores y los reconocía por el tipo de mercancía que vendían o compraban. Todavía recuerdo algunos de los nombres raros que él decía como aljabibes, zarracatines, y…¿cómo era? Rega..rega..

–Regatones, ganguistas, poquiteros, traperos, prenderos, chamarileros...


 

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