¡Qué manera de palmar!

–Suerte, eso fue suerte. Una gran suerte. Recuerdo que iba hacia Embajadores, cabizbajo, cantando por dentro el viejo himno de mi Atleti: 'qué manera de sufrir, qué manera de palmar... ’. A lo lejos, en la glorieta, divisé un grupo de los ultrasur-q que la venían montando, como siempre, los muy capullos. Me guardé la bufanda en el bolsillo de la gabardina, me subí el cuello, me calé el gorro de lluvia, miré al suelo y seguí caminando como si la cosa no fuera conmigo apretando fuertemente en la mano el gastrochip de caldo gallego para tratar de atenuar tanta humillación


 

 

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